Hay un momento en que nos toca luchar de mayor modo. Pero la lucha, si es así, no necesariamente significa un desgaste. Y la oración tiene mucho que ver en esto. Cuando nos entregamos a Dios, las cosas tienden a ser mucho más amigables de lo que en una primera instancia pareciera que son. Dios toma el control y somo nosotros quienes nos dejamos llevar por su amor de Padre. El Padre no es indiferente a nuestro desgaste y sufrimiento; Él siempre permanece junto a nosotros y somos nosotros quienes tenemos en nuestras manos el poder aceptar su ayuda.